ALGUNOS POEMAS DEL POEMARIO "ARRUGAS DE SILENCIO"








Parte I








Viñedos de uva roja maduran en tu boca
sobre mis labios viertes vino de sangre fresca.
Semillas de fuego anidan en tus manos
siembras llamas olvidadas
sobre el heno de mi espalda.








En las entrañas del sueño
en una calle sin nombre
el hombre la envolvió con la humedad de su mirada
ella danzó en sus aguas negras
las palabras se apartaron
la ciudad quedó en silencio.



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Aviva mis labios de hielo
con los dientes rebeldes del deseo.
Alborea mis mejillas
con dedos de codicia
avaros de carne blanca.
Allana mi boca sola
con lengua de animal ladino.
Turba mis ojos de noche
con la mirada del tigre.
Desata mi angosta vestidura
con el alma impúdica del sueño.







Pétalos de sangre
vierte sobre mi cuerpo
el jinete de Manto Sepia
enardece los senderos de la carne abierta
irrumpe la tormenta oculta
rompo en trueno desgarrado: 
                                            aguacero
                                                      de nudos
                                                               desatados.


  
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Tejeré una cuerda con la fibra de mis versos
prenderé en ella con la fuerza de la llama.
Bajaré hasta las aguas que anidan
en el pozo de la noche.
Destrenzaré mis versos
y mi cuerpo flotará entre dedos
que se pierden en la jungla de mi pelo
entre filos de lengua que naufragan en mi boca
entre brazos que ciñen la órbita de mi cintura
entre piernas que trepan la falda de mi cadera
entre el néctar agitado que sosiega mi delirio.







Aun a sabiendas de la inevitable caída,
al vértigo de la tierra en llanto,
a evaporarme entre sus lágrimas
me aferré sin miedo
a las ramas desnudas de tu tronco
a la corteza fría de tu invierno. 


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Parte II








La piel de la ausencia
cubre mi cuerpo
de arrugas de silencio. 






Solitaria añoranza que agita amordazada llaga
llaga que sangra baldío llanto
llanto que gime en postrado fuego
fuego que muere en sombras de lánguidas llamas. 

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Estación de baldosas ya cansadas
y maletas afligidas.
Asfalto de huellas muertas
pasos sin rumbo.
Lenguas de fuego
que calcinan alientos.
Húmedos crepúsculos
de ángelus solitarios.
Restaurantes de platos tristes
y copas que ahogan vacíos.
Íntimas palabras que se perdieron
en lugares sin nombre.
Terrazas despobladas y estrofas impotentes.
Hoteles mediocres.
Espejos empañados
con letras deshechas en llanto.
Noches de sueños que muerden la almohada.
Manos entre sábanas que palpan la nada.
Madrugadas opacas.

Estación de baldosas ya cansadas
y maletas afligidas.





Partió el vuelo del deseo
alas de fuego cruzaron el océano.
En la orilla quedó
la marea sin agua
el llanto de la arena
un pozo de silencio
la madrugada sin alba.


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Parte III







Desde el dolor escribo
versos que cabalgan en el lomo de la muerte
estrofas que desprenden vértigo
poemas desbocando en el abismo.





Tendida sobre llamas de agua
prendió la quietud de la muerte
se ahogó el canto del árbol
el quiebro del viento. 


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Ya no amanece en casa.
Los días son sombras en noche temprana
el reloj ya no marca los segundos
en el calendario ya no hay números
la radio es un zumbido sin sentido
la cocina ya no huele a nada
las paredes lloran cal
los techos se disuelven en brazos de telarañas
las ventanas se han vuelto opacas
los espejos han perdido su reflejo
en el suelo ya no hay huellas.

Todo es silencio
¡Tan temprano! 








Tras el cristal del viaje
el atardecer se difumina en balsa roja.
Tumbas de nieve la mecen
mi alma sosegada se pierde
en su extensa lengua de fuego
se extingue en su efímera existencia
expira en sus cenizas. 




© Mercedes Ridocci